jueves, 14 de marzo de 2013

Jose Angel Antonio nos ha comunicado nuevas fechas de firmas de ejemplares:

15 de marzo de 19 a 20.30 horas, venta y firma de ejemplares en la LIBRERÍA SÉNECA de Elche. Una buena oportunidad para obtener un ejemplar firmado por el autor y disfrutar de una fascinante intriga.


Próximo 16 de marzo desde las 12 a las 14 horas, venta y firma de ejemplares en la LIBRERÍA MOLINER de Elche. Una buena oportunidad para obtener un ejemplar firmado por el autor y disfrutar de una fascinante intriga.

Además también nos ha enviado varios relatos cortos.

Este es uno de mis relatos cortos, se titula "EL TROMPETISTA".
Los sonidos de la calle. Una melodía apropiada para Miles Davis que toca su trompeta cómodamente instalado en una esquina. Donde observa, con sus curiosos ojos, todo cuanto sucede. Coches surcando el asfalto humedecido por las primeras lluvias de la tarde. Gente caminando de aquí para allá, cuyos atuendos y cabellos son víctimas de un viento que anuncia la llegada de un nuevo aguacero. Y, de paso, evitan ser salpicados por los coches que no respetan algunos charcos. Todos ellos marcan el paseo por estas travesías expectantes, como dos amantes que cruzan miradas esperando la señal deseada. Caminos directos hacia el ocaso. Mientras, el trompetista toca ahora una pieza más suave. Emplea todo su talento para que la lluvia le respete su actuación hasta la hora en que se retire. Después, podrá descargar toda su furia…

Este se titula: MUERTE AL ATARDECER
Recuerdo que cambiábamos de dial en la radio porque no nos gustaba la música. De repente, oímos la noticia y te reíste sin saber muy bien por qué. Subí el volumen de nuestra canción favorita para escucharla mientras abandonábamos la mesa. Nos sentamos sobre la alfombra descalzos y abrí una botella de vino para los dos. Acercaste dos copas y las llené. Me sugeriste brindar por algo que ya no recuerdo y nos bebimos el vino mientras hablábamos de tiempos pasados que sabíamos que no volverían. En todo momento, tenías esa sonrisa casi esbozada de modelo que tanto me gustaba de ti. Me mirabas con tus grandes ojos entre marrón con tintes anaranjados y me guiñaste uno de ellos al dar un sorbo de tu copa. Sonreí al verte feliz. Yo también lo era.
Desechamos esos tiempos a través de fotografías amarillentas olvidadas en algún rincón del trastero. Nos entristecieron y no queríamos volver a verlas nunca más. Recuerdo que lloraste con la sola idea de revolver la buhardilla para encontrar el dichoso álbum fotográfico. Entonces fue cuando ocurrió. Morí al atardecer. Nunca había sentido esta sensación tan fuerte de haber amado a alguien que la propia muerte amplificara hasta no encontrar palabras para describirla. Vi tus ojos desencajados gritar por última vez mi nombre mientras tu rostro pidiéndome que volviera se alejaba más y más de mí. Hasta quedar difuminado en la negrura de un abismo. Tanto que mi mano no fue capaz de agarrarse a la tuya para que tiraras de mí. Luego todo fue oscuridad. Un silencio caído con la fuerza de un meteoro en el centro de la sala de estar se apoderó de tu mente. Te acercaste para tomar el reloj de bolsillo que todavía funcionaba y que solía llevar conmigo. Lo abriste y pediste en voz alta al tiempo que volviera.
Todavía hoy las imágenes del pasado la persiguen todavía. Mas yo la espero.


Este se titula: "CORAZÓN ROTO"

¿Puede una persona seguir adelante con el corazón roto? "No podemos vivir con lágrimas en los ojos" piensa el hombre al borde del acantilado. Sabe que, si ha llegado hasta ese punto, es porque no le han dejado otra opción. Otea el horizonte donde ya no hay ninguna esperanza sobrevolando su cabeza. El cielo oscuro y lleno de tinieblas que logran ocultar, intermitentemente, la luna llena, engulle el último brillo de sus ojos. Una frase que ahora le parece vacía, suena en su mente, como un fantasma atrapado en un pasillo que no conduce a ninguna parte: "Tu obligación moral propia es perseguir la más alta forma de felicidad posible para ti". Como un soldado con el pie grangrenado que aguarda el instante en el que una bala atraviese su pecho y ponga fin a su carga suicida. "Nada se despide como una bala que se dispara al final". El suyo, es el momento en el que salte al vacío. Un abismo que le mira fijamente y le promete que no se apiadará de él.
Con las botas detenidas al borde del acantilado, un inmenso mar de nubes se extiende ante su mirada. El horizonte es devorado por las densas masas nebulosas que se suceden sin fin. Las violentas corrientes de aire azotan la solapa de su abrigo. Las zarandea a golpes como a los condenados a los que se conduce hasta el paredón. Se agitan y se revuelven pero nunca llegará su salvación. Contempla por última vez aquel panorama tan espectacular. A continuación, extiende sus brazos y echa la cabeza hacia atrás. Su cuerpo se inclina hacia delante y, conforme se aleja de la segura y firme tierra, se adentra en caída libre en el océano de viento y nubes. Ante sus ojos llenos de lágrimas, se agranda la visión del abismo. Hasta el instante en el que sólo la punta de sus botas, le mantienen pegado a la vida.
Cierra los ojos y emprende el último vuelo. La naturaleza grita su nombre. ¿Puedes sentir la llamada de lo salvaje reclamando tu vida? Vuelve al principio de todo. Ya no habrá tristeza nunca más. "Al fin, libre" piensa mientras atraviesa cada una de las capas nebulosas y, aumenta y aumenta su velocidad de descenso. Bajo la luz de la luna llena, una frágil huella de vida se desvanece para siempre.

Por José Ángel Antonio Martínez.