martes, 19 de marzo de 2013

   Antonio Fco. Buitrago nos envía un par de relatos cortos.

  Entrevista de trabajo.

Era un martes entrado bien el medio día, ese día descansaba por lo que haciendo buen uso de la palabra, aun ganduleaba en pijama por casa. ¡¡La cama todavía yacía caliente!! Mari no salía hasta la una y media, más otra media hora de camino para llegar a casa, no me infringía ninguna prisa ya que en veinte minutos podía dejarlo todo como si llevara la mañana entera luchando a brazo partido con la casa y sus recados encargados. Con suerte, hasta sacaría un polvo de postre, al fin y al cabo, si ella fingía de noche. ¿Por qué no hacerlo yo de día?
Atendí el teléfono, que me dio a mí que sonaba como nervioso, era mama y lloraba desconsolada. Al llegar a casa de compras por Mercadona con papá que la ayudaba desde su jubilación anticipada, encontraron a la abuela muerta en su cama. Me pidió ayuda porque ni ella ni papá estaban para atender arreglar nada con los nervios que estas cosas traen a cualquier casa.
Dejé una nota a Mari con un imán en forma de salchicha de Frankfurt en el frigorífico y salí a casa de mis padres, al llegar los encontré en el salón sin saber qué hacer. Solo me habían localizado a mí y a un cuñado que aun no había llegado. Les pedí buscaran la póliza del seguro de decesos en la que pagaban por la abuela, mientras yo entré a la habitación donde dormía cuando nos visitaba.
Yacía con los ojos muy abiertos, la boca de par en par, casi desencajada como de haberse asustado en su despedida final, las piernas algo flexionadas y separadas entre sí. Papa no había tenido el valor de atender el cuerpo de su madre que ya comenzaba a ponerse rígido como la buena mojama. Tenía que hacer algo pues el panorama no era agradable a la vista y la gente no tardaría en empezar a llegar.
Cerré sus ojos y lo intente con la boca, pero esta ya requería de otras medidas, entonces destape las sabanas que la acogían, le alce el camisón hasta dejar el pañal a la vista para poder trabajar sus piernas. Al estar en forma de palanca intente bajarlas de golpe seco y como un columpio con resorte, su pequeño tamaño y peso, el cadáver se inclino de cintura para arriba, solo le falto chillar para hacerme cagarme del todo.
Que la abuela me perdone allá donde esté, pero el reflejo propio en defensa de su agresión ficticia, fue sacar un gancho de derechas que partió la mandíbula y mire usted por donde, tras desencajársela de la nariz, se la pude cerrar bien. ¡¡Menos mal que no llevaba la dentadura postiza!! Si no, haber como se explicar que se mordiera la nariz, pero eso seria desviarnos del tema.
El chillido del susto no me llego a salir, pero el chasquido de la hostia llego hasta el salón donde papá me llamó a consultas, le expliqué que estaba preparando a la abuela para evitar un mal trago a quien la viera y que en el tanatorio no tuvieran demasiados problemas. Me lo agradeció mientras yo volvía a la tarea, ya puestos, era cuestión de terminar con lo que había empezado para dejarla descansar en paz.
Los ojos hecho, la boca arreglada, ya solo las piernas y en concreto la derecha que estaba más doblada, vista de lado parecía que corría por la pradera. La coloque boca arriba, me quite los zapatos y me subí a la cama, le puse el pie izquierdo sobre la boca de su estomago para evitarme otro susto involuntario, mientras cogía con una mano su rodilla y con la otra hice palanca en dirección contraria. Poco a poco lo conseguí. Dejé a la abuela más erguida de lo que nunca estuvo en vida.
Estando en plena faena, concentrado en la lucha con el rigor mortis. Llegó mi cuñado que al entrar y verme en la cama sobre la abuela gimiendo por la fuerza empleada, salió alarmado haciéndose cruces, me toco relajarlo y explicarle lo que hacía, pese a no acompañar mucho mis pintas con los faldones desencajados, descalzo y los pantalones medio bajados. Pero, pónganse usted en mi situación.
Vamos que lo que pensó….. Tirarse a una muerta, bueno. Vale, podría darse. ¡¡Pero a la abuela Luisa!! Tiene cojones el cuñado mal pensado.
Al final, reunidos toda la familia y los de la funeraria, despedimos a la abuela Luisa en su última visita.
Menos mal que a sus 89 años y a su conocida enfermedad, la autopsia no fue precisa y con ella me evité las explicaciones que algunos huesos rotos pudieran haberme ofrecido expresar delante de un juez.
Al final, allí en su caja tras aquel cristal, la vi como hacía años no hacía, tan guapa. No pude dejar de pensar, que el gran merito de que aquella mujer en su despedida estuviera guapa, era prácticamente mío.
- Ahí tiene el motivo, por el que en mi curriculum vitae, aparece lo de maquillador de cadáveres.

A. Fco. Buitrago

Este otro, se titula: falta, papel.

¡¡Ya estamos otra vez!! Me salió de mí pensar, aun sentado en el váter cuando voy a tirar de papel y este no está.
Otra vez la soledad del rollo de cartón que nunca se deja ver antes de posarse en posición…
Nadie en casa a quien llamar, solo el perrito jodiendo mi ratito de inmenso bienestar, ese mismo que nos deja este momento crucial.
Como me puse a leer las indicaciones del gel, y el tiempo me paso sin noción, se me durmieron los pies. De aquí y así, con estos dos dormidos y entre equilibrios por evitar rozar nada hasta que pueda limpiar. Me toca salir hasta la despensa.
Con pantalones y calzoncillos bajados, sujetados con una mano a la altura de las rodillas, la otra para proteger los faldones de la camisa, para inri blanquísima, el culo prieto metiendo barriga. Mientras como pingüino doy brinquitos de puntillas por no agitar en demasía.
Eterno se me hace el pasillo, por culpa de mi manía, esa de usar el aseo privado de la habitación en lugar del comunal, más cercano a la galería y su despensa.
Apenas faltan unos metros de distancian para llegar al punto cuando oigo la llave, alguien llega, todos somos de casa y hay confianza, pero la posición, la circunstancia ¿Y si llevan visita….? ¡¡Zasssss!! De un repelón de reflejo felino, subo calzón y pantalón, con tanto entusiasmo y fuerza que me es imposible evitar aquel calentorcillo húmedo corretear donde la presión lo quiso a bien expulsar… Por Diossss, que asco me entro.
Al menos se salvó la camisa, algo es algo, ese fue mi consuelo al pensar que pudo ser peor.
La llave insistía pero no habrían. ¿Serian pues ladrones? sutilmente no por ahuyentar o miedo, si no porque aquello me limitaba movimientos, me acerque con piernas arqueadas, carámbano como un Bulldog sodomizado.
Insistía la llave mientras muy despacio me aproximaba a la mirilla. ¡¡Hijo puta!! Allí estaba el puto vecino de arriba, otra vez ciego de anís intentando abrir, como el piso no tiene ascensor, que mejor que quedarse en la planta baja… - Tire para su casa Samuel - Chillé a través de la puerta a ver si desistía y me dejaba, ya si, corregir mi error.
Lejos de eso, se puso a chillar que Dios le había hablado a la par se arrodillaba ante la puerta mirando al techo con las manos extendidas como pidiendo clemencia… pasé hasta el culo, bueno, mejor dicho, por el culo, ya que era crucial limpiar aquello para evitarme un escocido y, sin entornar las piernas, como el sheriff más chulo del oeste americano, rozando mis rodillas en ambas paredes del pasillo, regresé sobre mis pasos.
Solo quedaba un rollo, escondido al final, lo cogí y de ahí al aseo, donde antes de pasar al bidé, ya despojado de pantalón y calzoncillo, ambos atravesados por una mancha tipo chapapote que me haría discutir con Reme si o si. Quise primero con ese papel, quitar en seco algo y que no fuera todo responsabilidad de la esponja.
¡¡Mierda, mierda y mierda!! Papel de una sola hoja… como me puse dedos y sus uñas, con eso de tomar el lugar por la fuerza... ¡¡Jó!! Hoy no doy una.
Bueno, al final terminé tan ingrata tarea, pese a que seguro ni he sido el primero ni el ultimo en sufrir esto, tal vez si el primero con huevos de reconocerlo. Ahora me toca solucionar otro tema. Pues sigue fuera el borracho del vecino, ahora predicando y rezando en el rellano.
Hay días, que el estreñimiento hubiera sido una bendición divina…

A. Fco. Buitrago