lunes, 5 de agosto de 2013

RELATO "APOCALIPSIS"

  Jose Salieto está preparando nuevas historias para sorprendernos al igual que lo hizo, y está haciendo, con "Crónicas de Una Nueva Raza". De momento ya tenemos un adelante con este relato llamado "Apocalipsis".


 
APOCALIPSIS

La reunión fue a puerta cerrada, ultrasecreta, sin avisos, sin notificaciones,
todo en silencio, bajo el más estricto Top Secret. Los máximos representantes
del G-20 no se habían reunido nunca bajo unas condiciones tan extremadamente
cautelosas y ocultas. Los veinte principales países, los veinte más importantes,
convocados a una reunión de la máxima importancia, por mediación del máximo
representante de la mayor potencia mundial.
-Señores -dijo el presidente de los Estados Reunidos-, han sido ustedes
convocados por un asunto que reviste la máxima gravedad.
Los otros diecinueve representantes quedaron a la espera de que prosiguiera, con
visible inquietud. Solo uno de ellos, el presidente de la Gran Pretonia, se
apresuró a pedir explicaciones.
-¿Qué sucede, por qué se nos ha reunido a solas, sin secretarios, sin
intérpretes, sin asistentes...? ¿A qué se debe tanto secretismo y con tanta
urgencia?
-La gravedad del asunto lo justifica -respondió el presidente de los Estados
Reunidos-. Y cuando exponga esas razones, comprenderéis, amigos míos, el por
qué. Lo primero, será pediros que nos tuteemos, porque estamos juntos en esto y
ahora no tenemos a nadie ante quien tengamos que vernos en la necesidad de
cuidar las formas.
-Hombre, a mí me repatea mucho no tener a los medios de comunicación ahí fuera
-dijo el presidente de la República Franchuta-. Últimamente no he salido muy
bien parado en periódicos y televisión, y esto podría arreglarlo un poco,
viéndoseme como colaborador por las causas más importantes de índole mundial. Me
hubiese venido bien, pero en fin...
-Ya, Pierre, pero esto es mucho más importante.
-¡Habla coño, que nos tienes en ascuas! -protestó Vladimir, el presidente de la
Purusia.
-¿Quién me va a tladucil a mí -protestaba el presidente de Xina Quexu Losoi-,
polque mí no se defender muy bien con el anglés. Yo hablo y entendel no mucho.
-Tranquilo Quexu, que a ti te ayudará Lokopio Imejoro, que sabe mucho de
idiomas.
-¿El Taponés? ¡Yo con él no me hablo! ¡Que me ayude otlo!
-¡A ver por favor! -protestó John Hollywood, el presidente de los Estados
Reunidos-. ¡Que esto es muy serio, y muy grave!
-¿Pero se puede saber qué pasa? -protestó de nuevo Vladimir.
-¡Pues pasa que se nos va todo a la mierda, hala, ya lo he soltado, de golpe! No
quería decirlo así, pero es que sois incorregibles!
Hubo un silencio profundo.
-Define “se nos va todo a la mierda” -pidió Peter, el presidente de la Gran
Pretonia.
-Pues eso, que se nos va todo a la mierda. Hemos llegado a donde íbamos, se
acabó lo que se daba, game over.
-¿Podrías ser un poco más explícito? -preguntó Pepe, el presidente de Españuela.
-Hombre, ahora sí os interesa el asunto, ¿no? Bueno, pues os explico la cosa,
que era lo que intentaba desde un principio, sin tener que dar la noticia a lo
burro, que me habéis obligado por lo gilipollas que sois, joder.
-¿Qué es gilipollas? -preguntó Quexu Losoi.
-Lo mismo que gilipilila -aclaró Lokopio Imejoro, el presidente de Tapón.
-¡Ah, ya!
-Bueno, pues como os iba diciendo, el caso es que ya nos hemos comido el pastel.
-¿Habéis puesto un catering y no habéis dicho nada? ¡Sois unos cabrones!
-protestó enérgicamente Vladimir.
-¡Que no, coño, me refería en sentido figurado!
-¡Ah, bueno. Es que John, perdona, pero te explicas muy mal, ¿eh?
-¡Pero si es que no me dejáis, joder! A ver, reflexionemos un poco: ¿cuánto
tiempo llevamos soportando esta interminable crisis económica?
-¡Buf, ni me acuerdo, yo ya no sé qué hacer! -fueron los comentarios más o menos
similares que recorrieron la sala en un murmullo común entre todos los
presentes.
-Bien -prosigió John Holywood-. ¿Y cuánto tiempo hace que ya no sabemos qué
hacer para acabar con las listas de parados? ¿Y con tanta manifestación y tanta
protesta?
-¡Buah...! ¡Se hace eterno!
-Y lo que es peor aún: ¿Cuánto tiempo hace que apenas podemos echarnos unos
milloncejos más al bolsillo?
-Ni nosotros ni nuestras empresas, ni las empresas de nuestros familiares y
amiguetes -coincidió Il Caballiere Tallarini.
-Exacto. A eso es a lo que me refiero. Hemos tocado techo. No podemos
enriquecernos más, porque no hay de dónde sacar una moneda más. No podemos
cobrar más impuestos porque los que los tienen que pagar, ya no tienen ni para
comer. Nuestras empresas no venden, porque ya no hay nadie que pueda comprar,
salvo nosotros, claro está. Pero como está la cosa tan jodida, no queremos
gastar porque luego cuesta mucho de recuperar, y claro, no es plan. Por lo
tanto, tampoco nosotros, que podríamos, tampoco nosotros, digo, nos gastamos un
centavo. Por lo tanto, la economía está más parada que una piedra en un
desierto. Y la cosa está muy clara: si los pobres y la clase media no gasta, los
comercios no venden. Si los comercios no venden, las fábricas no fabrican, y si
las fábricas no fabrican, los obreros van al paro. Si los obreros van al paro,
no cobran y si no cobran, no gastan, y si no gastan, volvemos al principio. Y
esto es una ruina, como podéis ver.
-Si les permitiéramos a los pobres y la clase media tener más dinero -propuso
Vladimir-, entonces comprarían, y todo volvería a funcionar.
-Sí, claro, pero para eso, tendríamos que cederles a ellos parte de nuestras
riquezas y la verdad, ¿quién es el primero que se ofrece?
-Hombre -dijo Vladimir-, si los demás lo hacen, yo lo hago.
-Pues hazlo tú primero, listillo -propuso Pierre, el franchute.
-Sí, claro, y así todos los demás subirán por encima de mí en el ranking de
acaudalados, ¿no? ¿Quién me garantiza a mí, que después de mí los demás harán lo
mismo?
Hubo otro silencio.
-Está clarísimo -explicó el presidente de los Estados Reunidos-. Nadie lo va a
hacer, porque si lo hiciéramos, ya no habría diferencias entre ricos y pobres,
las clases sociales caerían, y seríamos todos iguales, y eso es una mierda.
Además, tenemos más problemas: La tecnología nos permite, o nos ha permitido
hasta ahora, fabricar más cantidad de todo, en menos tiempo, mejor y con menos
operarios. Pero la putada es que con ello, echamos más gente al paro, porque
hace falta menos gente en los puestos de trabajo, y como no paramos de tener
hijos y la población mundial es cada vez mayor, pues cada vez somos más a
repartir los beneficios mundiales y menos los que pueden permitírselo, y claro,
la conclusión final es que o faltan más riquezas, o sobra gente. Porque además,
esa es otra: que todos quieren comer, vestirse y tener donde dormir. Y las dos
últimas cosas, medio qué, que en última instancia pueden dormir en la calle y
desnudos, pero lo de comer... no hay pan para todos.
-Ni pan, ni verduras, ni carne... -puntualizó el canciller Herr Kraster, de la
Aluminia-. Si es que cada vez tenemos menos recursos naturales.
-Eso es cierto, nosotros ya no encontramos un hueco donde construir más
bungalows -añadió Pepe.
-Pues en Xina -intervino Quexu Losoi- hace tiempo que tenemos mismo poblema y
solucionamos dejando que gente muela de hamble. Es fácil.
-Hombre Quexu, pero ya te hemos dicho muchas veces, que eso, además de estar
feo, huele muy mal. No me parece una buena solución, la verdad.
-A lo que vamos -interrumpió Vladimir-. Porque si nos has reunido aquí, de esta
forma, es porque piensas ofrecernos una solución. ¿Me equivoco?
-Pues no, no te equivocas. Nuestros científicos, que como sabéis son los mejores
del mundo...
-Ya, porque estudian en nuestro país antes de irse al vuestro -interrumpió esta
vez Pepe, el presidente de Españuela.
-¡Es que yo no sé por qué les enseñáis tanto si luego no ponéis un céntimo para
que tengan donde trabajar! -se justificó John Hollywood-. ¡Y además no me
interrumpáis tanto, joder! Decía que nuestros científicos, alentados por nuestro
espíritu patriótico y altruista, protector de los derechos y libertades y
pensando siempre en el bien común...
-¡John, que no están los de la tele! -llamó la atención Herr Kraster, levantando
la voz.
-¡Ah, sí... perdón! La fuerza de la costumbre... ¡Decía que nuestros científicos
han diseñado el mecanismo ideal para solucionar todos nuestros problemas!
-¿Y cuál es esa solución? -preguntó Pierre.
-Nosotlos podemos mejolal-la -aseguró Lokopio Imejoro.
-¡Pero si aún no he dicho lo que es...!
-¡Estos Taponeses es que siempre tienen que ir por delante!
-¡Inventar no inventan nada, pero copiar...! -añadió Abú Yusef Noai Mascarena,
el Jeque de Alávega Inaudita.
-¡A ver, dejadle hablar, que así no terminamos nunca!
-Gracias Vladimir.
-¿Y cuál es esa solución? -volvió a preguntar Pierre.
-Muy fácil: Imagináos que tenemos un ordenador, con su memoria RAM, su disco
duro, su pantallita y su todo...
-En Tapón los hacemos mejoles.
-¡Y dale...!
-... y que vamos metiendo cosas y más cosas, y más cosas, hasta que llega un
momento en el que está todo lleno, ya no cabe más, el disco está petao, la
memoria RAM ya no da más de sí, y todo comienza a ralentizarse horriblemente.
¿Qué hacemos? Lo desfragmentamos, le borramos algunas cosas, le pasamos el
antivirus... en fin, lo parcheamos un poco, pero no le damos la buena y
verdadera solución: necesitamos un disco duro nuevo, con más Ram y todo eso: con
más de todo.
-¿Y qué representa ese ordenador de tu fábula?
-¡Joder, si es que hay que explicároslo todo, con lo mayorcitos que ya sois!
¡Pues representa nuestro mundo, nuestro planeta!
-¿Sugieres entonces que nos vayamos a invadir otro planeta?
-No, hombre, ¡ojalá, pero no nos ha dado tiempo a tanto! Por eso, siguiendo con
el ejemplo, pensad qué pasaría si no tuviéramos ninguna posibilidad de encontrar
otro disco duro, otra Ram, etc. etc. ¿Qué se puede hacer?
De nuevo silencio. Todos esperando la respuesta.
-Sencillo: sólo tenemos un disco duro, solo podemos disponer de él, por tanto,
se imponen medidas drásticas. ¡Hay que formatear el disco duro!
Silencio sepulcral. Durante unos segundos nadie dice nada, nadie se mueve, nadie
reacciona.
-¿Estás queriendo decir lo que creo que estás queriendo decir? -preguntó
Vladimir.
-¿Qué es lo que quiele decil? -preguntó Quexu Losoi.
-Pues, no sé -respondió John Hollywood- ¿qué es lo que tú crees que estoy
queriendo decir?
-Pues, eso, lo que has querido decir...
-¿Y qué he querido decir?
-¡Tú sabrás, que eres el que lo ha dicho!
-¿Pero qué es lo que he dicho?
-¿Te estás quedando conmigo?
-¿Alguien podel explical?
-¡Esto es chungo, ¿eh?!
-¿Qué sel chungo? ¿Podel tladucil?
-¡Bueno venga, que sé que lo habéis pillado, que no creo que seáis tan tontos!
Formatear el disco duro, significa borrón y cuenta nueva. Se borra todo lo que
hay, se perderán programas, archivos y millones y millones de bits, pero
podremos volver a empezar de cero, meter nuevos programas y todo solucionado
hasta que se vuelva a llenar, pero que eso puede ser.... ¡buf...! ¡Otros tantos
miles de años!
-¿Hablas en serio? ¿Estás proponiendo una guerra mundial a lo bestia?
-¡Qué va, mucho mejor! ¡Vamos a mandar el planeta directamente a la mierda, sin
guerras ni nada! ¡Solo con apretar un botón!
Silencio sepulcral. Algunos dudaban de si estaban oyendo bien. Otros, la
mayoría, sopesando la idea y su viabilidad.
-Imagino -intervino Vladimir-, que ya tienes pensada la forma de hacerlo, ¿no?
-Sí claro.
-Pues expónla, y con mucho cuidado, porque si se te ocurre lanzarme un misil
nuclear, te advierto que no nos vamos a quedar de brazos cruzados.
-¡Joder, si vamos a montar una guerra nuclear a lo bestia -intervino Pierre-, no
estoy yo muy seguro de su rentabilidad. ¿Quién quedaría después para contarlo?
-No, no, no... a ver... -se apresuró a intervenir Jhon Hollywood-. Os acabo de
decir, que sin guerra ni nada. ¡Sólo mandando el planeta a la mierda,
directamente. O al menos a parte de él. Lo que realmente sobra. O sea, nosotros.
Bueno, en realidad ellos. Nosotros, no, claro. Me refiero a nosotros y nuestros
allegados, se entiende.
-A ver, no entiendo nada -protestó el canciller Herr Kraster-. ¿Te puedes
explicar de una vez y decirnos qué es eso que tienen vuestros científicos entre
manos?
-¡Nuestros! ¡Nuestros científicos! -puntualizó Pepe.
-Veréis: Lo que sobran, son personas. Somos demasiados, está claro. Y cada día
nos vamos multiplicando exponencialmente. Y los proyectos espaciales, amén de
ser un fracaso y un gasto costosísimo, no van a llegar a tiempo. Y Marte, que es
lo más cerca que podríamos usar, no hay forma de hacerlo habitable como
pensábamos, por lo que lo de emigrar allí, descartado. Así que hemos inventado
una bomba de alta potencia, que con tan solo cinco unidades, una por cada
continente, a tomar por saco el exceso demográfico.
-¡Joder, qué bestia! -fueron algunas exclamaciones.
Se formó un galimatías, todos hablando a la vez, un auténtico revuelo, hasta que
Vladimir se puso en pie intentando poner orden.
-¡A ver, dejemos que termine de explicarse, coño...!
-¿Qué sel “coño”? -preguntó Quexu Losoi.
-Nada, una palablota -aclaró Lokopio Imejoro.
-¡Ah...!
El gallinero se fue calmando un poco, y la última voz que se oyó fue la de Abú
Yusef Noai Mascarena, el Jeque de Alávega Inaudita.
-¿Y cómo vamos a sobrevivir a la radiación?
-¡Pues porque no habrá radiación! -respondió Jhon-. ¡Esa es la buena noticia!
-¿Bombas nucleares sin radioactividad? -preguntó extrañado Vladimir.
-Es que yo no he dicho en ningún momento que fueran nucleares. Lo que pasa es
que ni me escucháis, ni me dejáis explicarme, joder.
-¡Pues venga, explícate!
-Veréis: Lo que nuestros científicos han inventado...
-¡Los nuestros...! -defendió de nuevo Pepe.
-Sí, hombre, sí... -le dijo Peter instándole a que se callara.
-...es una bomba extraordinaria. ¡Una maravilla! ¡Una auténtica pasada! Y
además, totalmente ecológica y respetuosa con el medio ambiente.
-¡Ah, pero, ¿eso es posible? -preguntó Pierre.
-Sí, sí, claro. El asunto es que que esta bomba, de la que ya os he dicho que
tenemos cinco unidades, funciona en dos tiempos: Lo primero, es que se carga a
todo ser humano que se encuentre por encima de la superficie terrestre, y hasta
una profundidad de quince metros por debajo de la corteza terrestre, se esconda
donde se esconda, mediante una frecuencia especial de microondas, especialmente
creada para hacerla selectiva, y que no afecte al resto de las especies, ni
vegetales ni animales. Bueno, menos a las cucarachas y las ratas, que ya
puestos, las hemos metido en el lote, porque son un asco.
-¡Increíble...! -exclamaron todos, asombrados.
-Y en un segundo envite, se carga todo lo que no sea natural, todo lo que haya
sido creado artificialmente, es decir, edificios, carreteras, coches, máquinas,
plásticos, fibras de vidrio... todo. Pero además, con la particularidad, de que
lo destruye descomponiendo todos sus componentes naturales con los que se han
fabricado, devolviéndoles su estado natural para dejarlos tal y como estaban
antes de su manipulación, y así devolverlo a la naturaleza, como si nada hubiera
pasado.
-¡Alucinante...!
-¡Ya os he dicho que era totalmente ecológica! -exclamó henchido de orgullo el
presidente de los Estados Reunidos-. De esa forma, todo el planeta quedará
limpio de seres humanos y de todo aquello que éste ha creado, dejando el resto
intacto, con lo que le devolvemos a la madre tierra, lo que siempre fue de ella.
-¿Y nosotros? -preguntó el canciller alemán.
-En un búnker, claro.
-Pero has dicho que la bomba esa se carga a todo ser humano aunque se esconda a
quince metros bajo tierra. Además, ¿cuánto duran sus efectos después de la
explosión?
-Hombre, nosotros estaremos en un búnker, que ya está preparado para que estemos
todos juntitos, a treinta metros bajo tierra, más que suficiente. Y por lo del
tiempo, no hay problema, sus efectos se acaban en diez o doce días a lo sumo,
por lo que en quince días, para más seguridad, todos a la superficie de nuevo...
¡Y a empezar de cero! ¡Se acabaron el paro, las protestas, el hambre, las
miserias y todas las zarandejas! ¡Estará todo por hacer! ¡Disco duro nuevo, y
por mucho tiempo! ¿Eh? ¿Qué me decís? ¿A que es genial? -exclamó lleno de gozo.
-No está nada mal, la verdad. Os habéis lucido, lo reconozco -admitió Vladimir-.
Pero, ¿quiénes estarán en el búnker? ¿Cuánta capacidad tiene?
-Está pensado para unas mil quinientas personas. Suficiente para asegurarnos la
diversidad genética. Y naturalmente, solo estaremos allí, los aquí presentes,
nuestras familias y nuestros enchufados y sus familias, para entendernos.
Lógicamente, aquí podremos hacer una criba, puesto que si algún familiar nos cae
mal, con no decirle nada, que le den por el culo. Eso ya, cada uno lo verá.
-¿Y los dirigentes de los demás países? ¿Qué pasa con ellos?
-A la mierda, por pringaos.
-¿Y el Papa? -preguntó Il Caballiere Tallarini.
-Yo no me preocuparía, hombre. ¡Es la mano derecha de Dios, que le ayude él! Y
si al final de todo, no le ha ayudado, pues será porque no es tan amigo suyo,
¿no?, digo yo.
-¿Y qué dicen los inventores de la bomba? -preguntó Pepe-. Porque supongo que,
claro está, ellos que sí saben de qué va todo esto, tendrán que quedarse en el
búnker.
-Hombre, no podíamos decirles que no, claro. Y los hemos puesto los primeros en
la lista de invitados. Pero solo para que se callen y no digan nada, porque
claro, luego no los vamos a dejar entrar, que empezar el mundo con gente que es
capaz de inventar cosas así, pues como que no es la mejor manera de empezar.
¡Vamos a hacer las cosas bien!
-¡Claro, claro...!
-¿Y cómo se lo vamos a impedir? En cuanto les digamos que ellos no entran,
pueden armar la de Dios es Cristo.
-Nada, nada. Sencillamente, en la puerta habrá unos cuantos militares de
seguratas, repasando la lista para que no entre nadie que no esté en ella, y
claro, ellos no estarán, porque la lista esa ya la hemos roto y vamos a hacer
una nueva. Cuando se den cuenta será demasiado tarde.
-¿Y no se colarán cuando digan de entrar los militares?
-Es que los militares no sabrán tampoco de qué va todo esto. Como son militares,
con decirles “tenéis que hacer esto”, sobra. Ellos obedecen y punto, no tienen
que saberlo todo. Que se queden ahí fuera, protegiéndonos, mientras nosotros
cerramos las puertas.
-Pero todo esto os habrá costado una pasta gansa -apuntó Herr Kraster, el
canciller alemán.
-¡Qué va! Teóricamente sí, pero... ¡como no les vamos a pagar...! ¿Para qué?
¡Total...!
-¡Hostia, es verdad...! -exclamó eufórico Pepe- ¡A la mierda los préstamos y las
facturas! ¡Que les den por el culo!
Aclaradas las primeras dudas, el silencio si iba imponiendo, mientras todos
sopesaban el tema, buscando posibles dudas o pegas a la operación. Así, las
preguntas se iban distanciando cada vez más, unas de otras.
-La verdad -pensaba en voz alta Pierre-, es que pensar que vamos a ser nosotros
quienes repoblemos el planeta, impone. Es toda una responsabilidad...
-¡Ah, por cierto...! -añadió Jhon Hollywood-. Vamos a incluir un buen número de
putas de todas las razas, las más descocadas y buenorras, claro. Es precisamente
para asegurarnos la repoblación.
-Pero..., ¿no vamos a llevar a nuestras mujeres?
-Sí, claro. Por eso. ¿Cuántos casquetes echáis vosotros al mes con vuestras
mujeres?
-Yo solo tres -respondió Abú Yusef Noai Mascarena-, y eso que tengo veinte
esposas. Cuando una no tiene la regla, le duele la cabeza a la otra, y cuando
no, que están cansadas de ir todo el día de compras o les duele una tripa
rota..., y así se van pasando la pelota de una a otra y me tienen de secano.
-Pues nosotros que solo tenemos una, ni te cuento -añadió Pepe.
-Pues por eso -sentenció Jhon-. Y ellas (nuestras esposas), no pondrán objeción
porque lo haremos por una buena causa: repoblar el mundo. Y como además, así las
dejamos tranquilas, pues todos tan contentos.
-Joder, cuanto más lo pienso... ¡qué planazo! -exclamó Vladimir.
-Y una vez que pase todo... ¿qué hacemos? -preguntó Peter.
-Todo a su tiempo, no os preocupéis, que está todo pensado.
-Hablá que lleval científicos y todo eso ¿no?, pala podel levantar el mundo otla
vez -sugirió Lokopio Imejoro.
-¡De eso nada! -se indignó Jhon Hollywood-. ¡Que los científicos lo enredan todo
y son unos ateos que ni creen en Dios ni nada, y ya véis a lo que hemos llegado
por su culpa! ¡Que no saben más que inventar armas y bombas y cosas de esas! ¡De
científicos nada, ya he dicho que vamos a hacer las cosas bien desde un
principio! ¡Hombre, que no se diga que no hemos aprendido nada!
-Vale, está claro -aseveró Vladimir-. Por mí vale.
-¿Y los demás? ¿Apoyáis el tema?
-Joder, y el que no lo apoye... ya sabe -apuntó Pepe.
-Sí, sí, lo apoyamos... -corearon todos acto seguido.
-Pues nada, id elaborando vuestras propias listas, y el miércoles que viene, a
las cinco de la tarde, otra vez aquí. Y de esto, ni una palabra a nadie. ¿Ok?
-Otra cosa -añadió el canciller alemán levantando la mano-. ¿Cómo se detonarán
las bombas?
-Pues desde dentro del búnker, con un simple botón, claro. Apretar el botón, y
¡Pumba...! Ya está. ¿Alguna pregunta más? ¿No? Pues hasta el miércoles.
Y así, el miércoles, se presentaron todos con sus respectivas listas, ultimaron
los detalles y quedaron para la semana siguiente reunirse todos en el búnker.
Conforme fueron bajando por las escaleras, labradas en la roca hasta bajados los
primeros veinte metros, hubo que ir dando explicaciones a todo el mundo que se
quejaba por no haber puesto una docena de ascensores.
-Es que si no, cuando exploten las bombas, desaparecerán los ascensores o las
escaleras mecánicas o las de cemento o hierro o de lo que fueran, y luego solo
quedaría el agujero, y... ¡a ver cómo salimos entonces!
-¡Pues esto es un auténtico desastre! -protestaba una señora que hacía
malabarismos para bajar con sus tacones.
Y a medida que iban entrando, se iban multiplicando los elogios, por el inmenso
espacio construido, con multitud de compartimentos y oficinas, aseos, comedores,
cocinas, salones de juego, bares, golf y todo lo que pudieran imaginar.
Aunque también había quejas por parte de algunas esposas, que protestaban por
todo.
-¡Pero si no hay ni una ventana!
-¡Para una vez que se produce el fin del mundo y nos lo vamos a perder porque a
estos torpes no se les ha ocurrido poner ni una mísera ventana!
-Y si han traído a esas putas para procrear, ¿porqué no han traído unos cuantos
boys de esos buenorros, para que procreemos nosotras? ¿Es que no valemos?
-Si se lo he dicho a mi Jhon: esto pasa por no pedirnos opinión a nosotras.
-¡Mujer, si no han puesto ni un miserable jarrón con flores!
-¡Toma, ni un cuadro, ni un portarretratos!
-¿Y el felpudo de la entrada? ¡Si no han puesto ni un felpudo para los pies! ¡Se
va a llenar todo del polvo de los zapatos!
-¡Pues yo no pienso limpiar, para eso me he traído a la chacha!
Y así, hasta que todos estuvieron dentro y acomodados.
Se cerraron las puertas, los científicos e ingenieros del proyecto se quedaron
fuera liándose a pedradas con los militares por no dejarlos pasar, intentando
volverlos contra sus mandamases, argumentando que también a ellos los estaban
dejando en la calle...
El caso es que el día H a la hora H, hallábanse reunidos los veinte presidentes
en el salón de plenos, donde había contra una de las paredes, un enorme panel
electrónico, con un enorme botón rojo, al que todos miraban con curiosidad,
recelo y temor a la vez.
-¡Señores...! -terció Jhon Hollywood por encima del murmullo general-. ¡Ha
llegado la hora! ¡Este es un momento solemne!
Se hizo un silencio sepulcral.
-¡Dentro de unos segundos, el destino de la humanidad dará un drástico giro
sobre sí mismo! ¡Frente a nosotros, se presenta un nuevo reto! ¡Un reto que
estamos dispuestos a afrontar por el bien de la humanidad, y que...!
-¿Nos vas a dar un discurso? -preguntó asustado Pierre.
-... Hombre, es un momento histórico -se justificó Jhon, algo molesto por haber
sido interumpido.
-Ya. ¿Y qué? Aquí lo de conseguir votos ya no tiene sentido, ¿no?
-¡Tienes razón, Pierre! ¡A tomar por culo...!
Y diciendo esto, se giró y apretó de un golpe el botón, sin más.
.¡Ya está...! ¡A la mierda!
-Pero... ¿sin haber rezado una plegaria por todas esas pobres almas, ni nada?
-exclamó escandalizado Il Caballieri Tallarini.
-¡Pero si les hemos hecho un favor! ¡Como no sabían nada, se van sin dolor ni
nada! ¡Y además, ya han dejado de sufrir por esta penosa vida!
-Claro, si el marrón lo tenemos nosotros ahora, para empezar de nuevo-. Aclaró
el Canciller-. Lo fácil ha sido quedarse ahí fuera.
-Pues nada, ¡a celebrarlo! -dijo el presidente de los Estados Reunidos (bueno,
los ex-Estados Reunidos), destapando una botella de champán.
-Pero... ¿cómo que lo vamos a celebrar? -se escandalizó de nuevo Il Caballieri-.
¡Si esto es un drama!
-Lo sé, amigo Tallarini -le contestó Jhon-. ¡Un auténtico drama! ¡Será muy duro
empezar desde cero, sin tener nada de nada! ¡Pero es lo que nos toca a los que
nos sacrificamos por la humanidad! ¡Esa es nuestra cruz! ¡Por eso hemos de
afrontarlo con ánimo! Anda, toma una copa... -le dijo mientras le acercaba una
copa recién llenada-. ¡Ahora somos los últimos... y los primeros!
-Yo quisiera saber -levantó la mano Pepe-, cómo vamos a hacerlo dentro de quince
días, porque habrá que organizarse, ¿no?
-Sí, claro. De eso quería hablaros precisamente. Escuchad.
Todos se sentaron para escuchar mejor al expresidente de los Estados Reunidos.
-He pensado que ahora, os tocará a vosotros hacer de ministros, en vez de
presidentes, cancilleres, jeques, caballieris o mondongas de esas.
-¿Cómo? ¿Rebajarnos a ministros? -corearon varias voces indignadas-. ¿Te has
vuelto loco?
-¡Vamos a ver...! ¡Ahora somos ya un solo país, un solo pueblo, una sola
comunidad! ¡No podemos tener veinte países con solo mil quinientas personas
entre todos!¡Es ridículo! Ahora tenemos que hacer de ministros, y repartirnos
las tareas para levantar el nuevo mundo.
-¿Y tú qué vas a ser? -quiso saber el jeque Abú Yusef Noai Mascarena.
-¡El Presidente, claro...!
-¿Y por qué tú? -protestó Pepe, cabreado.
-Pues podría deciros que porque soy el más preparado, pero me conformo con decir
que porque ninguno de vosotros tiene cojones a tomar en sus espaldas tanta
responsabilidad, y como alguien tiene que hacerlo, alguien tendrá que
sacrificarse, digo yo. Y mi sentido del deber, que me traiciona, me obliga a
tomar esta decisión aún en contra de mi voluntad. ¿O quieres ser tú, Pepe, el
blanco de todas las miradas, el responsble de todo lo que pueda ocurrir, el que
tenga toda la responsabilidad de volver a crear el mundo desde la nada?
Pepe quedó un poco traspuesto. Pensó un poco en todo ello, sobre todo en la
palabra responsabilidad. Y tras erizársele el pelo, dijo:
-No, no, si nosotros te lo agradecemos, pero es que lo sentimos por ti, ¿sabes?
-Tranquilos, si yo ya estoy acostumbrado, tengo la espalda ancha. Y si ya he
llegado hasta aquí, puedo seguir un poco más, espíritu de sacrificio no me
falta.
-¡Que grande eres! -clamaron algunas voces.
-Bueno, pues os he puesto ahí en un papelito, lo que os toca a cada uno. Luego,
ya si eso, vosotros os encargáis de organizaros con vuestros lacayos de
confianza, para repartiros las tareas, ¿vale?
-¿Ministro de agricultura a mí? -exclamó extrañado Abú Yusef Noai Mascarena-.
¡Si yo solo he plantado cactus!
-¡Hombre, no tienes por qué saberlo hacer todo, basta con que sepas organizarlo,
y ya que se encargue otro de hacerlo!
-¡Pero harán falta herramientas para cultivar!
-Pues para eso, tienes a Quexu, que es ministro de industria.
-¿Y yo qué tengo que hacel?
-Pues encargarte de la fabricación de herramientas. Tendrás que buscar gente que
se dedique a tallar piedras, para lo que haga falta: cuchillos, arados, hachas,
arcos, flechas...
-¿Y pol qué no habel tlaído aquí antes, y así ya tenel hecho helamientas?
-¡Hombre Quexu, que hemos dicho de empezar de cero, no me seas cómodo!
-¿Y qué hago con helamientas?
-Se las vendes a Abú, que te pagará con frutas y hortalizas, hasta que
inventemos el dinero. Mientras, a mí solo tendrás que darme el veinte por ciento
de tus ganancias, en concepto de impuestos. Y Abú también, otro tanto.
-¿Así por el morro, sin hacer nada te vas a quedar con el fruto de nuestro
esfuerzo? -protesto Abú Yusef Noai Mascarena.
-Es solo en concepto de impuestos. Alguien tendrá que administrarlo todo, ¿no?
¡Y si me ha tocado a mí, pues cargaré con esa culpa, qué le voy a hacer! Y
bueno, que no vamos a estar aquí perdiendo el tiempo. Os lo estudiáis, y si
alguien tiene alguna pega, que me lo diga luego.
Todos salieron del salón, comentado entre ellos para ver qué les había tocado a
cada uno. Pepe se acercó a Jhon mientras caminaban por el pasillo, camino a la
cantina.
-Oye, Jhon, que a mí esto que me has puesto de ministerio de caza y pesca... que
yo no sé qué tengo que hacer...
-Pero si es muy fácil, hombre: tú le pides al ministerio de industria que te
facilite lo que necesites para cazar y pescar: cebos, anzuelos, redes, arcos,
flechas, jabalinas... lo que sea. Y te encargas de que los que hagan el trabajo,
que esos ya los eliges tú, lo distribuyan entre los mercantes, que éstos a su
vez, los venderán a los que quieran comer, que serán todos, claro.
-¿Y el dinero?
-De momento, solo se pagará en especias, como ya he dicho. Todo a su debido
tiempo.
-¿Y cómo te pago los impuestos?
-Pues con pescado, ciervos, jabalís, gallinas y todo eso.
-O sea, que tú no los vas a comprar...
-¡Hombre, encima del arduo trabajo que tengo de organizarlo todo... algo tendré
que ganar! ¡Aunque sea para vivir!
-¡Si es que a mí me va más lo de la ganadería, que no tienes que ir corriendo
detrás de los animales, que así ya los tienes recogidicos en tu corral!
-¡Ah, pues no es mala idea! Y... ¿por casualidad no conocerás a alguno de entre
todos estos que sepa cuidar cerdos y hacer jamones?
-¡Pues claro, mi primo Tono...!
-Pues mira a ver si lo convences, y a cambio de que nos pase algunos jamoncitos
de vez en cuando, sin que se entere nadie, claro, le nombramos Secretario
General de la Industria Ganadera.
-¿Y qué tendría que hacer él?
-¡Nada..., lo mismo que nosotros! ¡El trabajo que lo hagan otros! Tú dile que
venga y hable conmigo. ¿Y de vinos? ¿Conoces a alguien que sepa de vinos? Porque
allí en tu tierra, los vinos eran muy buenos, ¿eh? Y lo que tenemos aquí se
acabará pronto, ¿sabes? Aunque yo ya me he guardado unas cuantas botellas. Si
quieres alguna me lo dices, que entre amigos, hay confianza.
-Pues sí, también conozco.
-Pues habla con él, que algún cargo encontraremos para él. Y así tú y yo nos
aseguramos alguna botellita de vez en cuando. Pero esto que quede entre tú y yo,
¿eh?
-Vale, vale...
Y Pepe se fue más contento, dispuesto a hablar con su primo Tono y su cuñado, el
de los vinos.
Y tan pronto como Pepe se fue, se acercó Peter.
-Oye, ¿cómo es que me has nombrado ministro de defensa?
-Joder, porque quiero que seas tú, que eres en el que más confío, el que se
encargue del tema militar.
-Pero si somos un solo pueblo, ¿qué necesidad tenemos de un ejército?
-¡Hombre, no me fastidies! ¿Es que aquí solo pienso yo?
-No entiendo...
-A ver: ¿qué pasa si de repente resulta que las bombas no han funcionado todo lo
bien que tenían que funcionar, y han quedado reductos de otros seres humanos por
ahí?
-Pues que los podemos unir a nosotros, ¿no?
-¿Tú estás loco? ¡Nos echarán la culpa de lo que ha pasado, tendrán envidia de
que nosotros estamos empezando una nueva civilización y ellos no, de que
nosotros estamos organizados, tenemos industria y todo eso, y querrán
quitárnoslo y hacerse los dueños de todo. ¿Y tú los vas a dejar?
-Pero será muy raro que haya sobrevivido alguien, ¿no?
-¿Y si se han convertido en zombies? ¿Los vas a dejar que se te coman el
cerebro? ¿Quién los va a detener?
-¡Hostias, tienes razón!
-¿Ves por qué es necesario un ejército?
-Sí, sí..
-¿Y ves por qué me toca a mí asumir el papel de presidente? ¡Hay que estar en
todo! A mí no me importa el esfuerzo, el sacrificio, si es por el bien de mi
pueblo, que ahora sois vosotros, yo asumo mi dolor y mi carga, que ya me
consuela la alegría de vuestra felicidad y el ver que todo marcha sobre ruedas
gracias a mi esfuerzo y mi talento. Por cierto, tú no conocerás a alguien que
sepa de coches, ¿verdad? Porque vamos a necesitar vehículos para desplazarnos, y
a mí me gustaría poder llegar a donde me necesitéis, lo antes posible, a poder
ser con un auto que sea cómodo, con aire acondicionado, que es que los calores
no los soporto, prefiero la dureza del trabajo, que eso no me duele, que lo
primero es lo primero, y además tú también te podrías conseguir otro, que los
que trabajamos tanto por los demás necesitamos algún caprichito de vez en
cuando, que nos lo merecemos, que nadie tiene tanta carga de responsabilidad
como nosotros, que ya ves, aquí nos tienes dispuestos a empezar de nuevo, con
alegría, con entusiasmo, a pesar de la desgracia de lo ocurrido, y sin
quejarnos, que esa es otra, que soportamos estóicamente las crueles críticas de
los que codician nuestro puesto pensando que vivimos bien y no saben lo mal que
lo pasamos...que se piensan que no damos ni golpe, que los únicos que trabajan
duro son ellos... y luego venga de hacerte huelgas y manifestaciones, que por
cierto, habrá que pensar en crear un cuerpo de policía que vele por los
intereses del ciudadano... ...

¿FIN?