lunes, 20 de julio de 2015

EL CAUTERIZADOR

  Si te gustan los comics y los thrillers psicológicos, ésta es tu lectura para las próximas vacaciones. Es la primera publicación de Vicente Damián Fernández que se ha encargado de escribir el argumento y de las ilustraciones. Para que vayas abriendo boca, aquí tienes un fragmento:


             INTRO          

6 de junio

Ha llegado un paciente nuevo a la unidad de psiquiatría del Hospital. Dice llamarse Andrew Foster. Lo encontraron deambulando por la calle, desorientado, confuso y balbuceando frases sin sentido. Se muestra desconfiado, claramente psicótico. Presenta lo que parece ser un delirio de ruina: asegura haber causado daño a todo aquel que le rodea y dice que nadie puede acercarse a él sin exponerse a un gran riesgo. Resulta inofensivo.
No se ha resistido ni negado al ingreso, parecía incluso aliviado cuando el residente se lo propuso. No es de extrañar, su estado de salud es deplorable; debe llevar días sin comer y al menos semanas durmiendo en la calle. Su psique se revela igualmente exhausta. Perdido todo contacto con la realidad, espero que aún podamos hacer algo para hacerle volver.
Apenas nos ha contado nada  que nos ayude a localizar a algún familiar; me vendría bien saber más de él.
¿Quién eres, Andrew Foster?

24 de junio

Después de dos semanas de tratamiento con psicofármacos la sintomatología sigue sin remitir del todo. Continúa mostrándose evitativo, rehuye el contacto social y siempre que puede se aísla. En las entrevistas, en cambio, empieza a sentirse algo más cómodo y confiado conmigo. Sigo sin saber mucho más sobre su vida, pero nuestras sesiones son muy interesantes. Andy -así es como me pide que lo llame- es muy inteligente, aunque sospecho que carece de estudios universitarios.  Está familiarizado con conceptos psicológicos, algunos de ellos complejos. Dice haber leído a Freud y conoce las teorías de Jung sobre los arquetipos y el inconsciente colectivo. Su lenguaje es pulcro y cuidado y su trato con el resto del personal resulta casi exquisito. Parece saber en todo momento lo que los demás necesitan oír…
Confieso que hay algo en él que me resulta fascinante y a la vez aterrador… Y no sólo yo lo he notado: también el resto de los internos. Algunos, como polillas atraídas por la luz buscan siempre tenerlo cerca. Otros, en cambio, se agitan ante su presencia, nerviosos, inquietos, asustados… La mayoría revolotea a su alrededor sin atreverse siquiera a mirarlo.
Tal vez lo someta a una sesión de hipnosis.

4 de julio

Es asombroso; su mente es asombrosa. Las sesiones revelan un desdoblamiento de la personalidad extraordinario desde el punto de vista clínico. Bajo hipnosis la personalidad de Andy se torna megalomaníaca: asegura tener el poder de entrar en la mente de dementes y perturbados, nada menos que en sus inconscientes,  para enfrentarse a sus arquetipos. Demonios y monstruos que generan patologías, trastornos y desórdenes mentales de toda índole. Y asegura que es capaz de curarlos.
Resulta absurdo. Las teorías de Jung están superadas, no tienen consistencia empírica, ni suficiente fundamentación. Carecen de todo aval científico y la psicología y la psiquiatría modernas han renegado de ellas y las consideran poco más que tratados de magia o alquimia, un intento fallido de aunar ciencia y creencia.
Y sin embargo…

25 de julio

No sé durante cuánto tiempo más conseguiré dar largas a la dirección del Hospital. Esos viejos fantasmas con batas blancas, soberbios y arrogantes que olvidaron hace mucho la razón por la que están aquí. Tampoco durante cuánto tiempo podré seguir fingiendo que dedico todos sus recursos a nuevos ensayos clínicos. Tengo que encontrar la forma, necesito saber más. Tal vez si la junta directiva cambiara… Con Simonson al frente las cosas serían diferentes. Él todavía no ha perdido el interés científico. Tal vez él pueda ayudarme a conseguir más fondos, más tiempo. Los otros pacientes han perdido todo el interés para mí. Resultan intelectualmente aburridos. Necesito tiempo.  Los avances con Andy son prometedores. En estado normal sigue siendo alguien tímido, frágil, delicado incluso. Bajo hipnosis su personalidad es arrolladora, exuberante, tremendamente atractiva.

30 de julio

Mañana es el gran día. No consigo conciliar el sueño. Confieso que me siento  emocionada ante la posibilidad de un gran avance que podría cambiar para siempre la forma en la que se interviene en pacientes psiquiátricos. Andy está preparado; todo está preparado. Después de todos estos ensayos, nuestra comunicación ha llegado a un nivel de conexión casi íntimo. Espero poder conducirle por la mente de otros como lo he conducido por la suya propia.  Y tenemos al otro perfecto: Emma Rauschenbach, 45 años. Catatonía grave. No responde al tratamiento. Probaremos con Andy antes de recurrir al electroshock. Es arriesgado, lo sé, pero algo me dice que lo conseguiré. Sal estará conmigo, lo necesito. Sigue sin estar del todo de mi parte, pero sé que no hará nada para impedirlo; no se atrevería.

31 de julio

No entiendo qué ha podido pasar… Todo iba bien. Andy respondió tal como esperaba. Sal debió dejarme continuar hasta el final. No debió intervenir, no hasta que…
Las emociones… tengo que centrarme en las emociones…
Necesito dormir, estoy exhausta.
Mañana revisaré mis notas; tendremos que hacer correcciones. El Hospital ha decidido dar el alta a Andy. Demasiado caro, demasiado tiempo, demasiado turbio, han dicho. No importa, le he conseguido una habitación a dos manzanas de aquí. Tengo que seguir viéndole, necesito seguir viéndole.


 Extractos del cuaderno de notas de la Dra. Lynn Miller,
recopilados y traducidos por Beatriz Bernad.