lunes, 26 de febrero de 2018

Entrevista a Eva Gil Soriano y Brujas

Este viernes 2 de marzo, a las 19:00h, la autora Eva Gil Soriano presentará su novela fantástica Brujas en el claustro superior de la Biblioteca Pedro Ibarra de Elche. 

En esta novela, la autora combina la fantasía con el romance, ya que tres brujas, que son primas, tendrán que encontrar a sus consortes para alcanzar el poder que las ayudará a derrotar al malvado brujo Lennox. Hemos hablado con Eva y nos ha contado algunos detalles de la novela:

He tenido la oportunidad de leer el libro y me recordaba a otras historias de brujas o paranormales como Embrujadas o Entre fantasmas. ¿Qué te inspiró a escribir esta novela?
No sabría decirte, las ideas me llegan cuando menos lo espero y ahora mismo no me acuerdo. Me sorprendió que mucha gente me dijera que se parece a Embrujadas porque solo vi una temporada y hace muchos años, ya ni me acordaba de ella. Quizá Entre fantasmas sí me animó a meter algún fantasma en la novela aunque no es el tema principal. 


Sobre las protagonistas puedo decir que hacía tiempo  que quería escribir sobre tres chicas y que fuera dedicada a mis amigas que, aunque están lejos, estamos muy unidas. Así que también se podría decir que ellas fueron una inspiración.

Es una historia que podría dar lugar a más aventuras. ¿Has pensado en continuar la saga de estas brujas?
Por el momento no, pero no descarto que más adelante algún personaje secundario quiera tener su historia. Ahora mismo no he pensado en ello.

La novela romántica es tu sello de identidad como autora, ¿qué te ha llevado a entrelazarla con otros géneros como el género fantástico?
La romántica es mi fuerte y me divierto mucho escribiendo esta clase de historias. El mezclarla con fantasía o paranormal me resulta interesante, me cansa escribir siempre lo mismo y me gusta ir cambiando.

¿Qué parte del libro destacarías para animar a los lectores a leer Brujas?
La novela está dividida en tres partes, yo destacaría la última que es la historia de Rebeca, la más rebelde de las tres brujas y además mezcla su historia con el desenlace de la novela.

¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?
Tengo otro proyecto a punto de salir, El Valle de las Hadas Blancas, que también entremezcla el romance con la fantasía. Es un spin off de la Trilogía Reino de Xerbuk, aunque las tres novelas se pueden leer perfectamente en solitario.

Esta es Eva Gil Soriano, una autora de novela romántica que se atreve con la fantasía y lo paranormal para darle más sabor a sus historias. Y nos presenta Brujas, una novela de amor, aventuras y mucha magia.

Puedes conocer todas sus novelas siguiendo sus páginas en Facebook:
Eva Gil Soriano
Siempre romántica


lunes, 19 de febrero de 2018

Entrevista a Antonio Buitrago y Vampiro del alto Aragón

Este sábado 24 de febrero, a las 18:00h, el autor Antonio Buitrago Fernández presentará su nueva novela, Vampiro del alto Aragón, en la cafetería El refugio del poeta, en la calle Miguel Hernández 73, Elche. 

Hemos hablado con el autor y esto es lo que nos ha contado sobre esta historia con mucho humor negro y mala leche.

¿De qué trata esta novela?
La novela es la historia de un hombre que, tras la pérdida de su hijo cae en la apatía. Ello le aboca a la separación y a la bebida hasta que un día, viendo uno de esos programas de televisión basura, termina con los cables cruzados y decide hacer del mundo algo mejor. Para lo cual emplea cuchillos, porras y cuanta herramienta le venga bien para abrir cabezas o desgarrar pescuezos.

Los personajes de tus libros suelen ser gente corriente, con los que cualquiera puede haberse cruzado alguna vez. ¿De dónde sale el protagonista de esta historia? 
El protagonista de esta historia sale de lo que todos pensamos pero no decimos por evitar que nos señalen esos otros que piensan lo mismo, pero tampoco lo dicen para evitar que nosotros les señalemos.

¿A qué tipo de lector va dirigida?
Va dirigida a todo tipo de lector, y en especial, a todos aquellos con la capacidad de reírse hasta de sí mismos.

¿Qué parte del libro destacarías para animar a los indecisos a leer la novela?
Son muchos los capítulos que me gustan, pero leyendo el primero, yo creo que el lector puede hacerse una ligera idea de cómo se lo va a pasar.

¿Dónde podemos conseguir el libro?
El libro está a la venta en la web de la editorial Multiverso, puede solicitarse en cualquier librería y en breve estará en Amazon también. El día de la presentación habrá tan solo 30 ejemplares a la venta, aunque algunos ya están reservados.

Ya sabéis, este sábado tenéis la oportunidad de conocer al autor Antonio Buitrago y llevaros un ejemplar dedicado de la novela.


miércoles, 7 de febrero de 2018

I CONCURSO LITERARIO MANUEL V. SEGARRA BERENGUER

Desde la Asociación literaria y cultural "Escritores en su tinta" os presentamos la primera edición del concurso literario Manuel V. Segarra Berenguer.

    Junto al Ayuntamiento de Elche se convoca este concurso en el que pueden participar todos aquellos que lo deseen presentando un relato corto antes del 5 de abril de 2018, fecha en la que se cierra el plazo para recepción de obras.

    Las bases para el concurso son las siguientes:

POR CUESTIONES ADMINISTRATIVAS AJENAS A LA ASOCIACIÓN LITERARIA Y CULTURAL ESCRITORES EN SU TINTA, DEBEMOS RETIRAR LAS BASES TEMPORALMENTE. EN UNOS DIAS ESTARÁN DISPONIBLES NUEVAMENTE. LAMENTAMOS LAS MOLESTIAS OCASIONADAS. GRACIAS.

martes, 23 de enero de 2018

Piel metálica, de Irene Robles

Una nave espacial apareció en el sistema de Alquilia. Había salido a toda velocidad del Atajo de Loriahn, el agujero de gusano que conectaba esta zona del universo con el sistema de Senador, aunque cualquier espectador inexperto habría dicho que la nave había surgido de la nada. Otro punto luminoso en aquel cielo estrellado. Su destino era Alquilia, el planeta verde, el planeta de las islas. 

Sin embargo, la nave parecía un rompecabezas, un puzzle que alguien había intentado montar a la fuerza y sin las piezas necesarias. Un casco lleno de parches y cicatrices, al igual que la piel de la persona que pilotaba. Precisamente por ese motivo el aparato había hecho un esfuerzo superlativo para salir de su punto de origen y también para cruzar el agujero de gusano. 

Los motores empezaban a fallar, alguna pequeña pieza del casco se separaba del resto y amenazaba con desprenderse por completo, los cristales agrietados habían sido sometidos a demasiada presión. Aunque quedaban apenas unas horas para llegar, en esas condiciones Alquilia estaba todavía muy lejos. El piloto tuvo que cambiar de rumbo inmediatamente, hacia un lugar en el que pudiera intentar aterrizar en lugar de rezar por no estrellarse. 

Se desvió unos treinta y cinco grados de la dirección original, su nuevo destino era Alcalia, la luna de Alquilia. Las siguientes horas se le hicieron eternas, había sentido el paso de cada uno de los segundos, de los minutos, apretando los dientes como si ese esfuerzo se extendiera a su nave y fuera a conseguir que aguantara de una pieza un segundo más. Deseó con todas sus fuerzas llegar sano y salvo a tierra, y aunque nunca había sabido rezar ni tampoco a qué dios dirigirse, optó por fantasear con un ente imaginario, quizá real o quizá ficticio, ni humano ni humanoide, quizá tampoco robot. Una personalidad superior que por alguna razón desconocida pero poderosa pudiera controlar y decidir su destino. 

Sus deseos no se hicieron realidad y su fe no debió de ser lo suficientemente fuerte y pura. Al atravesar la atmósfera de la luna perdió por completo el control de la nave. La mayor parte de la superficie era verde, selva salvaje, posiblemente el mejor lugar para caer sin sufrir grandes daños.  ¿En serio? Se aferró al cinturón de seguridad y cerró los ojos con fuerza, intentando creer que si no veía nada tampoco le afectaría el golpe, que no sentiría nada. Qué iluso, pensó para sus adentros. 

Aquel no era el lugar que había esperado, no era el lugar que había ocupado sus pensamientos desde el inicio de su viaje. Pero había conseguido escapar. Si sobrevivía al golpe… Bueno, ya pensaría en eso después. Primero tendría que sobrevivir. 

Prólogo de Piel metálica, de Irene Robles

domingo, 21 de enero de 2018

Impenitente, de Mari Carmen S. Vilella

Llueve. Fuera llueve. Escucho las gotas caer. No es sólo una. Una no hace ruido. Son muchas las que golpean el suelo con furia. Pero no sólo llueve fuera. Mi ropa, mi piel y hasta mis huesos están calados. No es precisamente agua lo que ahoga mi corazón. O tal vez sí, mezclada con sal y amargura.

Me desnudo. Me descubro e intento secarme. Me desgrano poco a poco. Pero el frío sigue, no se marcha. Persiste como persiste el recuerdo de aquella vida patentada, con pocas luchas y menos guerras. Con corazón como timón de un barco que, cansado de navegar por aguas mansas, cae a la deriva. 

Ya no pretendo esa vida. Vida de un solo corazón, de amor ciego. No, ciego no. El amor ciego nace del alma. Ese amor era hipermétrope. Veía en la lejanía,  pero no se daba cuenta de lo que frente a sí pasaba cada día. Un amor desmejorado, que callaba, blandiendo una espada que no hacía herida, pero que al final mataba.

Impermeabilicé mi corazón, metiéndolo entre plásticos que lo protegieran de las tormentas. Sí, aprendí a zafarme de las tormentas. Pero fue la propia humedad que lo acogía, la que lo hizo putrefacto.

Amor corrompido, impío, carente de entrañas.

Un amor que no sólo muere, sino que también mata.

Mari Carmen S. Vilella

lunes, 18 de diciembre de 2017

Un cuento de Navidad, por José Salieto

EL BELÉN (La Verdadera Navidad)
José Salieto

—¿De veras que no te importa, Rosi? —preguntó Pepa, la vecina—. ¡Ay, es que como sé que mi Pedrito es tan revoltoso y tú ya tienes los tres tuyos…!
—Nada, no te preocupes Pepa, que yo encantada, si con los míos se lleva muy bien.
—Bueno pues gracias Rosi, que yo en dos horas vuelvo y te lo recogo.

Pepa salió corriendo escaleras abajo con el viejo carrito plegable de la compra colgado de un brazo y el bolso del otro. Pedrito ya se había colado en el interior de la casa y Rosi cerró la puerta elevando su resignada mirada hacia el cielo mientras recitaba por lo bajito:
—¡Ay Dios, revoltoso dice…! ¡Si es un diablo! ¡Y yo aún sin poner la lavadora, la casa a medio limpiar, los críos dando guerra y por si me faltaba algo, ahora este!
—¡El parchís es un rollo, yo quiero que pongáis la videoconsola! —se oía a Pedrito desde la salita.
—¡Pero está rota, la ha roto mi hermano! —gritaba Conchi, la mayor, que era la única interesada en jugar al parchís.
—¡Yo no la he roto, se rompió ella sola! —protestaba Carlos, su hermano.

La señora Rosa tenía tres hijos: Conchi, la mayor, de diez años, siempre con el sentido de lo correcto y de la responsabilidad muy altos; Carlos, el mediano, tenía siete años, le gustaba hacerlo todo a su modo y menos las culpas, todo lo demás era suyo. El más pequeño, Josito, tenía año y medio y como es de suponer, ni entendía ni quería entender de reglas, se salía siempre con la suya y tenía para ello un arma poderosísima: el “llanto del cocodrilo” como le decía la abuela, que aunque supieras que era “de mentiras”, no había quien se le resistiera. Pedrito, el vecino, tenía ocho años y era hijo único. En el barrio unos decían que era único porque no podían haber dos tan malos como él, y otros que era único porque sus padres no se atrevían a tener otro y que les saliera igual.
—Además, yo al parchís no juego si no es con mis fichas —protestaba también Carlos.
—¿Y qué fichas son las tuyas? —quiso saber Pedrito.
—Las rojas, pero falta una, que se la tragó Josito y aún no la ha cagao —le contestó Conchi.
—¡Niños, a ver…! —interrumpió la señora Rosa, entrando en la salita—. Tengo que terminar de limpiar la casa y no quiero que salgáis de aquí ¿entendido?
—¿Podemos pintar con las acuarelas? —propuso Pedrito.
—¡No por Dios…! —se asustó doña Rosa—. ¡Que acabáis por pintarme los muebles y las cortinas como la otra vez! Si queréis podemos hacer una cosa —a doña Rosa se le iluminó la mente, buscando la forma de mantenerlos quietos y que le hicieran el menor estropicio posible—. ¿Os saco la caja de la Navidad y montáis el belén?
—¡Bieeen…! —corearon los tres mayores dando brincos. Josito les secundó dando palmas de alegría desde el suelo, sentado sobre sus nalgas, sin saber muy bien qué fiesta era aquella.

La señora Rosa desempolvó la gran caja de cartón que había sobre el ropero de su habitación y la llevó como pudo hasta la salita a través del pasillo, tropezando con los críos que se arremolinaban a su alrededor. El pobre Josito se tuvo que volver a mitad de camino, pues antes de llegar a la habitación, los demás ya estaban de vuelta. Entre gritos y saltos, los niños ayudaron a abrir aquella caja milagrosa llena de tantas cosas y tan bonitas. Josito protestaba porque no llegaba a ver qué pasaba. Doña Rosa vació la superficie de uno de los módulos del mueble de la salita y así les hizo sitio para que pusieran allí el belén.
—¡Hala, aquí tenéis! ¡Pero no salgáis de la salita! ¡Y cuidado con Josito que es pequeño!

Luego volvió a su aspiradora con la esperanza de que la dejaran tranquila y los niños se volcaron en sacar todas las cosas a un tiempo.
—¡Guau, que chulo…! ¿Tenéis arena? —preguntó Pedrito—. ¡Señora Rosa! —gritó—. ¿Podemos bajar a la calle a buscar arena para el suelo del belén?
—¡Ni se os ocurra! —contestó poniendo en marcha el aparato.
—No hace falta arena, Pedro, porque el mueble es marrón y es como si fuera la tierra, ¿ves? —dejó bien claro Conchi poniendo las primeras palmeritas sobre el mueble.
—¡Mira, los camellos de los reyes! —exclamó Carlitos.
—¡Toma, y aquí están los reyes y los camelleros!
—¡Eh, esperarse, que primero hay que poner el portal! —ordenaba Conchi.
—Mira, este niño Jesús es más renacuajo que tu hermano.
—Oye, Pedro, no te pases, ¿vale? —se impuso indignada Conchi.
—Mira, los reyes los podemos poner aquí, al lado del portal —indicaba Carlitos.
—Sí, y a Baltasar aquí, ordeñando la vaca para desayunar —propuso Pedro poniendo al rey junto al buey.
—¡Que no, que no seáis tontos, jolín, que los reyes aún tienen que estar lejos y eso no es una vaca es un buey! —regruñó Conchi.
—”Pos” da lo mismo, los “bueys” también se ordeñan ¿no?
—No, ¿qué no sabes que no tienen tetas, listo?
—Pero porque no se ven, que está tumbao en el suelo, ¿ves?
—¡Mira, tata! —descubrió Carlitos—. ¡Josito se está comiendo al tío cagando!
—¡Buaaaj, qué asco…! —se burló Pedro.

Conchi se apresuró a quitarle de la boca el muñeco a su hermano, pero este no parecía dispuesto a soltarlo, por lo que para evitar el berrinche, su hermana le ofreció la lavandera.
—Que bien, así le va a limpiar la boca —dijo Carlitos, lo que provocó la risa espontánea de su vecino y los dos se rieron juntos.
—Ahora hay que poner los pastores y luego los animales— intentaba dirigir Conchi; pero los dos chicos parecían pasar de ella y se dedicaban a poner lo que les venía en gana, donde mejor les parecía.
—Este papel de plata era el río y el pozo lo ponemos aquí en medio.
—¿Estáis tontos, no? El pozo no se puede poner en medio del río, jolines —protestaba ella.
—Sí, que es para que se llene, que la tonta eres tú.
—¡Como me vuelvas a decir tonta se lo digo a mamá!
—¡Ostras, qué chulada! —exclamó Pedrito—. ¡Aquí hay un castillo y todo! ¡Y romanos! ¡Chis, chis, chis…! —Pedrito enfrentaba a dos de los soldados simulando un combate con las espadas.
—¡Cuidadooo, nos atacan los indiooos…! —gritaba Pedrito mientras Carlitos se partía de risa.
—Oye, en vez de jugar podíais ayudarme a terminar el portal, que falta el ángel, la estrella y San José que no lo encuentro… —mandaba más que pedía Conchi.
—Vale, yo te ayudo —dijo Pedrito, quien acto seguido fijó su atención en un bote verde que había junto al mueble—. ¿Esto qué es?
—Son los polvos de talco de mi hermano —contestó la mayor, orgullosa de saberlo todo.
—¿Y para qué?
—Para ponérselos en el culete, para que no le salgan granos.
—¡Ah, vale! ¡Vamos a ponerle polvos al niño Jesús! —exclamó mientras abría el bote y se lanzaba hacia la figurita del portal, sin que a Conchi le diera tiempo de evitarlo. Los polvos se desparramaron inundando a la Virgen, al buey, al asno, a los reyes y al niño Jesús que desapareció bajo un montón de polvos blancos.
—¡Pero qué haces…! —gritó Conchi—. ¡Mamaá…!

Con el ruido de la aspiradora, doña Rosa apenas se enteraba de lo que pasaba, por lo que se limitó a gritar desde el salón:
—¡Niños no os peleéis que ahora mismo viene vuestro padre y ya veréis…!
—¡Nieve, parece nieve! —gritaba entusiasmado Pedrito mientras espolvoreaba todo el belén llenando el aire de polvos de talco.
—¡Para ya, Pedro —argumentaba Conchi—, que en el desierto no hay nieve!
—¡Josito se está comiendo el pollo! —avisó Carlitos. Y mientras su hermana pugnaba por arrebatérselo de la boca, este se defendía intentando agarrarle el ojo y gritando como un poseso.
—¡Ostras, aquí está mi caja de los “argambois”! —descubrió Carlitos mirando en el fondo de la caja grande.
—Los podemos poner también y así hay más cosas — sugirió Pedro.
—Mira, el esquiador lo podemos poner aquí en la nieve —dijo Carlitos mientras colocaba un esquiador al que le faltaba un brazo.
—¡Y el pirata! ¡Este es el pirata patachula! ¡Al abordajeee…! Está aquí, atacando el castillo para quitarles el tesoro a los romanos!
—¡¿Qué hacéis, tontos…?! —gritó toda indignada Conchi una vez que logró arrebatarle el pollo a Josito que lloraba todo encolerizado—. ¡Lo estáis haciendo un asco!
—¡Qué va, está chulísimo! —confirmaba Carlitos—. Solo falta la estrella.
—La estrella era un planeta que iba a chocar contra la tierra, ¿vale? —propuso Pedrito.

Conchi no pudo resistirlo más y salió al pasillo en el momento en el que doña Rosa apagaba la espiradora y echaba a correr al oír llorar a Josito.
—¿Qué pasa, Conchi…? —le preguntaba por el camino. En ese instante se abrió la puerta de la casa y apareció don Rafael, el marido de doña Rosa, trayendo una maceta enorme con un abeto de los de verdad.
—Pero bueno, ¿qué pasa aquí hoy? —decía don Rafael enfadándose de mentiras.
—¿Pero adónde vas con eso, Rafael? —se alarmó doña Rosa. Los críos salieron corriendo y dieron botes de alegría al ver un abeto de los de verdad, que nunca lo habían tenido. A Conchi se le pasó el enfado, pero Josito seguía berreando en el interior de la salita, totalmente ignorado.
—Mujer, este año me apetecía mucho uno de estos. Luego, cuando pasen Reyes, lo podemos llevar al campo de tu hermana y lo plantamos allí.
—¡Pero pónlo derecho que me lo estás llenando todo de estiércol! ¡No sé por qué me molesto en limpiar!
—¡Vamos a adornarlo, vamos a adornarlo…! —coreaban los críos.
—¡Tranquilos, tranquilos! —pedía don Rafael—. Vamos a buscarle primero un sitio. Y tú, Rosi, mira a ver qué le pasa a ese niño, que no para de llorar.

Doña Rosa entró en la salita y casi le da un patatús cuando vió el belén y toda la salita llena de polvos de talco hasta en la cabeza de Josito, y todo el suelo lleno de muñecos y figuras y pisadas que salían hasta el pasillo.

Y mientras a la pobre señora Rosa se la llevaban los demonios mientras recogía todo aquello y aplacaba el desconsuelo de Josito, don Rafael, Carlitos, Conchi y Pedrito se dedicaron a montar el árbol de Navidad, con sus luces y todo. Al final, quedó tan bonito que hasta a doña Rosa se le pasó el enfado y acabaron cantando villancicos todos juntos. Y cuando llegó doña Pepa, la madre de Pedrito (una hora más tarde de lo previsto, porque para una vez que se libraba del asedio de su hijo aprovechó para ir a todos los sitios y un poco más), la invitaron a pasar para enseñarle todo lo que habían hecho. Bueno, la verdad es que la señora Rosa había quitado la nieve y los “argambois” y el belén había desmerecido un poco con ello, pero aún así había quedado de rechupete.

Don Rafael invitó a la señora Pepa a tomar unos polvorones y un licorcito, pero no se pudo comer más que uno, porque Pedrito quiso coger otro y se le cayó el plato sin querer, llenándolo todo de trocitos de porcelana mezclados con polvorones y hubo que sacar de allí a Josito para que no se cortara. Carlitos quiso ayudar a su madre, pero como lo pisó todo, le llenó todo el pasillo de pisadas de polvorón. Doña Pepa se retiró “prudentemente” a su casa, llevándose a Pedrito y doña Rosa dió gracias al cielo de que ella “solo” tenía tres hijos que eran un sol después de todo y no un hijo único como Pedrito.

En fin, que doña Rosa tuvo que volverlo a limpiar todo aquella noche, mientras los niños dormían. Pero no le importó. Los veía dormir tan a gusto, felices e ilusionados por la llegada de la Navidad, que bien merecía la pena todo aquel sinvivir.

¡Felices Fiestas!


jueves, 30 de noviembre de 2017

Café literario con Eva Gil Soriano

También este sábado 2 de diciembre, a las 18:00h, tenemos una cita con la autora Eva Gil Soriano, que participará en un café literario en la cafetería Viva la Pepa de Alicante. Junto a otras dos autoras, Eva hablará de novela romántica y de sus propias novelas, especialmente de su último libro, Con solo una mirada.




La autora ilicitana Eva Gil Soriano confiesa ser adicta a la novela romántica. Desde pequeña ha adorado escribir y con trece años hizo su primer intento con la novela y posteriormente escribió poemas y diarios. Hace unos años, animada por sus amigas y apoyada por su familia, decide empezar a escribir de nuevo, publicando entonces su primera novela, Esperando ser amada

Ha participado en diferentes eventos y ferias literarias junto a la Asociación Literaria y Cultural Escritores en su Tinta, pero también ha sido invitada como autora de novela romántica a otro café literario en Almería en 2016 y ha acompañado a autores locales en las presentaciones de sus libros (presentó este año el libro Aquellos tiempos, junto a la autora Carmen Reche Carrillo).

Sinopsis del libro:


¿Confiarías en quien consideras tu enemigo? 

J.M. nunca pensó que conseguiría tanto encadenándose a un árbol. Estaba acostumbrada a acabar en el calabozo luchando por el medio ambiente. Nunca lograba nada, pero no por ello dejaba de manifestarse. Intentaba salvar un bosquecillo que desaparecería para levantar una nueva urbanización, Las Águilas. Llevaba semanas incordiando y agrediendo a la constructora Cox a través de las redes sociales, contando lo que pretendían hacer y convocando manifestaciones para tratar de impedirlo. Sus intentos de ponerse en contacto con Víctor Cox, el dueño de la constructora, siempre habían caído en saco roto. Hasta que ese día, Víctor Cox acabó gritando su nombre para proponerle algo que ella jamás hubiera imaginado...
Conoce la historia donde se confirma el dicho de que los polos opuestos se atraen. 

Otros títulos de la autora:

Esperando ser amada (2014)
Espía del amor (2014)
Un verano para recordar (2014)
Trilogía Reino de Xerbuk (2015)
Necesitado de ti (2016)
Presentación del libro Aquellos tiempos, de Carmen Reche
(noviembre 2017) 
En el Stanford Café de Almería en 2016
Brujas (2017)

Puedes seguir a la autora también en sus redes sociales:

Facebook: Eva Gil Soriano

Twitter: @evasoriano15

Instagram: evagilsoriano